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martes, 6 de agosto de 2013

Work-ing Marx.

Quedan a invitados a la serie de ponencias en torno a Marx y el marxismo que se llevarán a cabo el día jueves 22 de agosto en la FFyL, UNAM.

Facultad de Filosofía y Letras 22 de Agosto, Salón de actos
Mesa 1
11-13 hrs.
Lecturas desde Marx

Hugo César Méndez (Marx)
Francesca Savoia (Marx)
Efraín León (Marx)
Modera: Diana Fuentes

Mesa 2
15- 17 hrs.
Marxismo no/ortodoxo

Araceli Mondragón (Ernst Bloch)
Mateo Martínez Abarca (Karl Korsch)
Diana Fuentes (Antonio Gramsci)
Modera: Gustavo García

Mesa 3
17-10 hrs.
¿Crítica marxista?

Yeyetzi Cardiel (Walter Benjamin)
Gustavo García (Karel Kosik)
Matari Pierre (J. Paul Sartre)
Modera: Efraín León Hernández

viernes, 11 de enero de 2013

Entrevista a Bolívar Echeverría en Cuba

A continuación una entrevista realizada por Fernando Rojas a Bolívar Echeverría en Cuba en 2008, poco despúes de que Bolívar Echeverría ganara el Premio Libertador al Pensamiento Crítico. 


miércoles, 7 de marzo de 2012

Jorge Juanes: Heidegger. Metafísica moderna, antropocentrismo y tecnociencia*

Este libro de Jorge Juanes puede leerse como un ensayo que trata el tema de la técnica moderna en Heidegger pero también puede considerarse como un acercamiento filosófico al tema de la tecnociencia. Asimismo, este libro llama a preguntarse sobre la actualidad del pensamiento de Heidegger en torno a la realidad tecnocientífica y da señas sobre qué aspectos tendría que rechazar una propuesta discursiva que pretenda trascender el fundamento sobre el que se erige lo destructivo de la tecnología: la desmesura de la subjetividad moderna.

Desde la perspectiva del filósofo alemán Martin Heidegger, Jorge Juanes explica las relaciones entre la metafísica y el nacimiento de la subjetividad moderna, antropocéntrica y antropolatrica, y cómo es que este hecho tiene su presencia última en la tecnociencia, ante la cual, paradójicamente, el ser humano ya no sería dueño de su propia creación, sino sólo un esclavo de ella.

Los temas que aborda Juanes tratan lo que se ha llamado el Heidegger tardío o del giro; el crítico de la metafísica moderna y de la técnica o el apreciador del pensar poético y del lenguaje. Hay que decir que esta parte de la obra de Heidegger ha sido poco estudiada, ello parece ser así al menos en México (y en lengua castellana). La mayor parte de los estudios se concentran en el Heidegger de Ser y tiempo; que es el que mejor cabe en la academia filosófica. El Heidegger posterior a la década de los 30’s, y hasta su muerte, es más oscuro —incluso se le considera místico—, y sólo a partir de la década pasada ha comenzado un abordaje del tema que procura ser más profundo.

***

Jorge Juanes hace un recorrido por la historia de la metafísica, la cual ha partido del error del quid pro quo (tomar una cosa por otra), pues queriendo saber algo sobre el Ser siempre acabará describiendo un ente. Error iniciado por Platón pero radicalizado a lo largo de la historia de la filosofía. Desde este mirador, el ensayo de Juanes es un recorrido de la filosofía desde sus inicios con Platón y Aristóteles, la Edad Media, el Renacimiento (el cual es incluido por Juanes, porque Heidegger no suscribe tal hecho a causa de que lo desdeña), el idealismo alemán y, finalmente, la época actual, en la que se observa cómo es que el ser humano debe pagar el precio de su desmesura.

Producto de la convicción de que es posible una idea del sujeto que no implique la subjetividad en sentido moderno, Juanes critica la idea del Hombre como el gran sujeto en torno al cual gira todo lo Otro; la idea del hombre como ser soberano del mundo. Se trata de la crítica al antropocentrismo. No se crítica a todo el sujeto, sino sólo a esta idea sesgada de la subjetividad.

Liberado de toda atadura medieval, el hombre moderno ya no es un ente sometido que viva bajo el temor de Dios. Por el contrario, el hombre pasa a ser el fundamento de todo ente y de la realidad. Esto es lo determinante, pues la esencia del hombre se ha convertido en su-jeto: en fundamento de todo. Él es quien domina, calcula, impone sus leyes, someta a reglas, racionaliza, produce, crea, en suma, todo lo vuelve un ob-jeto, tanto para sus representaciones, como para sus manipulaciones. Así, la naturaleza se transforma en objeto de experimentación y se le somete a leyes, y, como escribe Gilbert Hottois: “quien conoce la causa de un fenómeno natural, se vuelve el señor de este fenómeno”.[1] En suma: conocer es poder.

Es así como tiene lugar el protagonismo cognoscitista. El saber científico se convierte el paradigma del saber. En filosofía, por ejemplo, se da privilegio a lo ideal sobre lo material. Surge la idea del sujeto racional y trascendente, quien es engañado por el “genio maligno” de su propia sensibilidad (Descartes). Una idea que, dice Juanes, justifica la exclusión del cuerpo y de la materialidad; de la carnalidad y lo pulsional. Hecho que hace que haya quienes, incluso en su vida cotidiana, se asuman más racionales que corporales. De aquí que la razón pura sea “sensualofóbica”, ya que ve en la corporeidad tentaciones pervertidoras. Así, este discurso moderno es una reducción de todo. El Ser queda reducido a matemática. Esto sería tanto como querer que el pez respire en la tierra.

Ante ello, se trata de buscar nuevas vías para hacer filosofía; pero ya no como se ha hecho. Juanes no desconoce la realidad tecnocientífica y tampoco pide retornar a un pasado “arcadioso” para desentendernos de ella. Por el contrario, sostiene que aún es posible dar una nueva estancia al ser humano; un modo distinto de relacionarse con el mundo, el cual, mediante una técnica completamente otra, lo lleve a descubrir otra naturaleza.

Crisis del discurso

Asistimos a una modernidad en crisis profunda y estructural, donde o bien se puede postergar y exacerbar la catástrofe; o bien esta historia podría reconstituirse a partir de la experiencia negativa de esta crisis. ¿Cómo acercarse a este hecho? Al respecto, Juanes da algunas señas: que el mundo se hunde, dice él, quiere decir también que el nivel metafísico-tecnocientífico no proporciona orientación alguna. La posibilidad de pensar de otro modo a la modernidad debe partir de la necesidad de transformar radicalmente el discurso con el que se ha intentado dar soluciones.

Juanes piensa que se trata de “intentar un nuevo inicio desligado de la metafísica de la subjetividad y dispuesto” a acoger otro modos de aparecer del Ser. Con ello, es posible destronar lo metafísico-técnico-científico como horizonte de inteligibilidad de todo y, dice el autor, “buscar, en su lugar, los momentos cuando en la historia ya acontecida relucieron los relámpagos de lo excesivo e indecible, cuya salvaguarda ha recaído en lo poético-pensante” (pp. 38-39). Se trata de potenciar todos los discursos aparentemente vencidos; aquellos discursos que han sido borrados de la historia a causa del prestigio de la razón técnica. Por ello, dice Juanes, “lo que Heidegger propone es una transformación de fondo que le devuelva al hombre el habitar en la tierra” (p. 41).

***

Abordar y tomar postura ante Heidegger siempre será dificultoso, pues en él la sordidez y grandeza se encuentran juntas. Por ello hay quienes lo desechan en conjunto. Pero el libro de Juanes es muy sutil o cuidadoso con el tratamiento de Heidegger. En vez arremeter contra Heidegger cuando los planteamientos de éste se tornan imposibles de seguir, retoma lo que hay de rescatable en el planteamiento y lo reconstruye para hacer que el planteamiento dé más de sí mismo.

De modo que hay párrafos en los que Juanes expone su propia postura pero parece como si fuera la postura de Heidegger. Pero el mérito sería de la reconstrucción hecha por Juanes. Por ello, al final, queda claro para el lector que Heidegger se vuelve un gran pensador sólo si se lo reconstruye críticamente. De otro modo, se volvería un reaccionario de Baviera.

De esta manera, el libro de Juanes resulta ser una invitación a ya no acercarse a Heidegger desde una visión estrictamente heideggeriana, sino —como lo reclama el “autentico” trabajo filosófico— acosando al texto, desechando y replanteando.

Hay que decir, también, que Juanes escribe con su propio lenguaje. Esto es algo que se agradece cuando se leen libros que tratan la obra de Heidegger, cuyos comentaristas o intérpretes sucumben a la mentira —que de tanto repetirla se ha vuelto verdad para ellos— de que Heidegger se lee, entiende e interpreta sólo si se hace en alemán y en sus propios términos. Pero Juanes rechaza escribir de este modo.

Heidegger y la política

Finamente, hay que reconocer en este libro que haya un abordaje del profundo trasfondo político que tiene el pensamiento de Heidegger, aun cuando ello no debería ser un mérito porque, como afirma el propio Juanes, “no se necesita mucho esfuerzo para comprenderlo”. Sin embargo, esta es una cualidad de este ensayo, pues abundan más los intérpretes que desconocen, rehúyen o simplemente niegan la fuerte vena política que atraviesa el pensamiento de Heidegger. Por ello, este libro no estaría completo si no cerrara precisamente con algunas observaciones sobre el nacionalsocialismo de Heidegger.

El abordaje del aspecto político en Heidegger hecho por los intérpretes se divide unilateralmente en dos posturas. Están quienes niegan el nacionalsocialismo de Heidegger y prefieren verlo como un “desliz” que duró un año —mientras él fue Rector de la Universidad de Friburgo en 1933— y cuyos efectos no se verían reflejados en su obra, y, por otra parte, están quienes afirman que en conjunto toda la obra de Heidegger es un cifrado panfleto nazi. Pero la postura de Juanes es más compleja. En vez de afirmar que Heidegger se desentendió del nazismo —como lo hacen sus adoradores—, Juanes insiste en que “el nacionalsocialismo milenarista del espíritu” de Heidegger se extiende después del 45; incluso en estos años, junto con la década de los cincuenta, Heidegger lo que hace es depurar argumentos contra el enemigo americano y soviético, así como preparar un pensamiento futuro (p. 41).

El libro de Juanes es tanto para lectores interesados en Heidegger, como también para aquellos interesados en el tema de la tecnociencia. Este libro puede contribuir a desaparecer ingenuidades, pues la tecnociencia, tal como la conocemos, no puede desarrollar bondades intrínsecas. Lo destructivo de la técnica moderna no se domeñará con buenos propósitos humanos, como una legislación o ética la de la tecnociencia. Intentos que, aunque bien intencionados, no observan el carácter subsumidor o destructivo sobre el que se erige el fundamento que la sostiene.

*Texto que sirvió para la presentación de los Cuardernos del Seminario de la Modernidad. Facultad de Ciencias, 16 de noviembre 2011.



[1] G. Hottois, Historia de la filosofía del Renacimiento a la Posmodernidad, Madrid, Catedra, p. 499.

domingo, 9 de mayo de 2010

MODERNIDAD CAPITALISTA: ¿BARBARIE O PROYECTO CIVILIZATORIO PERFECTIBLE?

Basados en el prejuicio modernista y en el mito progresista, actualmente hay quienes conciben al capitalismo tardío o neoliberal como la forma excelsa del proyecto civilizatorio. Según algunos discursos “realistas”, esta fase capitalista de la modernidad debería ser atesorada como la más deseable e incuestionable de todas y, más bien, deberíamos dirigir nuestros esfuerzos al perfeccionamiento de ella, el cual sólo consistiría en evitar (algunas) crisis económicas, procurar el “combate a la pobreza” o luchar contra la “inequidad”, pero sin alcanzar la igualdad.
Dentro de estos discursos “realistas”, llama la atención una alocución del filósofo norteamericano Richard Rorty.[1] En ella, Rorty sostiene que en el mundo actual acontece un “retroceso”, pues el número de habitantes de “países ricos” es escandalosamente menor respecto del número de habitantes de los “países subdesarrollados” y que, paralelamente, los recursos naturales del planeta se están agotando, razón por la cual, dentro de muy poco tiempo, será necesario preguntarnos cómo enfrentar este problema que —reconoce él— podría llevar a la extinción de la vida humana si no se toman medidas pertinentes.Pese a lo que se desearía esperar, Rorty no cuestiona el dispositivo capitalista —aun cuando entiende que es de éste de dónde emanan los problemas—, sino que, con un discurso completamente “realista” y naif, exige ajustarnos a la misma lógica del capital. Así, basado en este panorama adverso, nos ofrece su propuesta para enfrentar el problema, según la cual, es necesario pensar cómo salvar a la “raza humana” de su posible extinción. Su argumento para afrontar el asunto es sencillo. Según Rorty, los “países ricos” no podrían solucionar la pobreza de los “países de tercer mundo”, dado que es mayor el número de pobres a lo largo del mundo y pocos los recursos para toda la humanidad y pese a la “buena” voluntad por parte de los “países ricos” de inyectar recursos económicos a los “países pobres”. En este caso, dice Rorty, “las regiones ricas del mundo tal vez se hallen en la situación de aquel que se propone compartir su único trozo de pan con un centenar de personas hambrientas. Aunque lo haga, todos acabarían muriendo de hambre, incluso él mismo”.[2]
Siguiendo a Rorty, frente a la muy probable y futura escases de recursos naturales, lo más lógico sería distribuir los pocos recursos entre los “países ricos”, pues la población de los “países pobres” está prácticamente destinada a desaparecer: “para nosotros esa genta está ya muerta” —dice Rorty.[3] Por ello, él propone pensar la posibilidad de realizar un «triage económico»[4], según el cual, dentro de poco será necesario seleccionar, con base en un criterio económico, a una “comunidad moral” sobre la que se concentraran todos los recursos naturales. Esta comunidad, por supuesto, estaría representada por “las regiones más afortunadas del planeta” para que ellas sean las que sobrevivan a la catástrofe, mientras que los “países pobres” serían sacrificados.
Completamente contrapuesto a estas posturas, aparece el discurso crítico de Bolívar Echeverría. A diferencia de Rorty, quien no busca la superación del capitalismo sino montarse en él para lograr su “perfección”, para Echeverría, el capitalismo no debe ser afirmado como una realidad deseable, inmutable o permanente, sino que debe ser cuestionado con el fin de superarlo, pues de lo contrario, según la lógica de Rorty, sí tendríamos que comenzar a decidir qué víctimas de la catástrofe capitalista son económicamente viables de salvación.Al igual que Rorty, Bolívar Echeverría observa que la época actual se encuentra en una crisis profunda, pero a diferencia de Rorty, Echeverría analiza tal crisis a contrapelo.Para Echeverría, toda forma de vida social se articula en torno a un fundamento de supervivencia; una especie de “condición sine cua non” para la constitución de las distintas formas de lo humano a lo largo de la historia. Pese a ello, la modernidad en su fase capitalista se vuelve adversa a este proyecto civilizatorio mismo, porque socava su fundamento: la afirmación de la vida humana. Así, la modernización capitalista “deja de ser un modo de afirmación de la vida, para convertirse en la simple aceptación selectiva de la muerte, o la abandona y, al dejar sin su soporte tradicional a la civilización alcanzada, lleva en cambio a la vida social en dirección a la barbarie”.[5]
El paradigma de Rorty conduciría precisamente a la barbarie inherente al modo de producción capitalista, cuya consecuencia sería la barbarie de sacrificar a la mayor parte de vida humana del planeta en favor de una minoría. Rorty encuentra una manera “práctica”, “racionalista” y “económicamente” viable para “salvar” el proyecto civilizatorio, sin sospechar que eso mismo que pretende seguir reproduciendo es lo que socava toda forma de vida social. ¿Qué es lo que no ha observado Rorty? En efecto, él reconoce que el capitalismo es contradictorio porque produce pobreza, hambre y muerte, y, también, porque elimina su fuente misma de recursos: la naturaleza. Pero no observa que es falso que el capitalismo sea la única forma posible de vida humana. Y esta es una de las bases sobre la que, por su parte, Bolívar Echeverría erige su propio pensamiento. Para el filósofo latinoamericano es falso que la modernidad esté anclada al dispositivo capitalista y, por el contrario, cree que es posible una modernidad pos-capitalista.
Para Echeverría, la modernidad forma parte del proyecto civilizatorio, sólo que cuando ella obtiene la forma del capitalismo, el proyecto civilizatorio es puesto en peligro, por ello es que la crisis civilizatoria está dada a partir de la crisis de la modernidad. La crisis de la modernidad, por su parte, está dada a partir de la afirmación del capitalismo, que apareció hace por lo menos 1000 años pero que sólo a partir del inicio histórico de la modernidad, se afirma impetuosamente para pasar a someter, gracias a su gran capacidad de adaptación, a las demás formas de modernidad.
¿En qué cosiste la crisis de la modernidad? La falta de recomposición de las crisis sociales, económicas, políticas o culturales, agregando las crisis ecológicas, ecocidios, aniquilación de vida o la presencia de diversos holocaustos, es lo que muestra una crisis estructural de la modernidad. Asimismo, la modernidad capitalista se presenta como un sistema erigido en un fundamento contradictorio: por una parte, se trata de una contradicción “natural” o inherente al capitalismo, ya que emana de una dialéctica perversa entre la lógica de subsunción del valor de uso dada por el valor de cambio; por otra parte, dicha crisis está dada por una contradicción evidentemente absurda pero que es sobre la cual se basa y funciona el capitalismo, porque, como explica Echeverría, el capitalismo no puede desplegarse sin volverse en contra del (supuesto) fundamento que lo sostiene y erige: el trabajo humano que busca la abundancia de bienes mediante el tratamiento técnico de la naturaleza. Según esto, el capitalismo no puede autovalorizarse sin precisamente alcanzar lo contrario de su fundamento, pues 1) el trabajo humano no es “trabajo productivo” sino trabajo enajenado con carácter de explotación; 2) no se logra la abundancia de bienes sino que se propaga la escasez artificial de recursos, tanto económicos como naturales; y 3) la naturaleza es tratada como un fondo de reservas acumulables (Bestand): en suma, se aniquila la vida humana, se socava la naturaleza y, por su parte, la técnica o tecnología son en sí mismos medios de explotación. Echeverría nos anuncia, de este modo, el posible desenlace trágico de la historia de la civilización; un proyecto concebido como autorrealización y autoafirmación del individuo humano pero que ahora —en su punto culminante— se vuelve contra él este mismo proyecto:

La modernidad, que fue una modalidad de la civilización humana, por la que ésta
optó en un determinado momento de su historia, ha dejado de ser sólo eso, una
modificación en principio reversible de ella, y ha pasado a formar parte de su
esencia. Sin modernidad, la civilización en cuanto tal se ha vuelto ya
inconsistente.[6]

[1] R. Rorty, “¿Quiénes somos? Universalismo moral y selección económica”, Revista de Occidente, número 210, Madrid, Noviembre de 1998, pp. 93-107.
[2] R. Rorty, op cit, p. 100.
[3] Ibid, p. 104.
[4] El término «triage» se refiere al tipo de selección que los hospitales practican con las víctimas de catástrofes en caso de no poder atenderlas a todas. Ahí, se destinan los recursos médicos a las víctimas con más probabilidades de salvar la vida, mientras que se prefiere no “desperdiciar” recursos médicos en las personas que, a pesar de ser atendidas, medicamente ya no podrían ser salvadas.
[5] B. Echeverría, “Modernidad y capitalismo (15 tesis)”, Las ilusiones de la modernidad. Ensayos, México, UNAM-El Equilibrista, 1997, p. 136.
[6] B. Echeverría, La modernidad de lo barroco, México, ERA, 2005, p. 34

Revoluciones: ¿locomotoras de la historia?

Marx dice que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez se trata de algo por completo diferente. Tal vez las revoluciones son el manotazo hacia el freno de emergencia que da el género humano que viaja en ese tren.

Marx sagt, die Revolutionen sind die Lokomotive der Weltgeschichte. Aber vielleicht ist dem gänzlich anders. Vielleicht sind die Revolutionen der Griff des in diesem Zuge reisenden Menschengeschlechts nach der Notbremse.

Walter Benjamin, Tesis sobre el concepto de historia (1932).(1)

(1) W. Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos, intr. y trad. de B. Echeverría, México, Itaca-UACM, 2008, p. 70 ["Über den Begriff der Geschichte", Gesammelte Schriften, Bd. 1/3, 1232].

viernes, 20 de noviembre de 2009

«Entre nosotros, todo se concentra sobre lo espiritual, nos hemos vuelto pobres para llegar a ser ricos»
«Es koncentrirt sich bei uns alles auf's Gesitige, wir sind arm geworden, um reich zu werden»
«Chez nous, tout se concentre sur le spirituel, nous sommes devenus pouvres pour devenir riches»

Friedrich Hölderlin, A los alemanes, III, 621.